Los Juegos Olímpicos han sido desde sus orígenes, además del polo concentrador de la élite deportiva mundial, un atractivo turístico de singular convocatoria.
Y como todo megaevento, concentra la atención de los principales medios de comunicación masivos del planeta. Esto sin dudas beneficia notablemente a los países organizadores, que pueden difundir las bondades de su oferta turística, infraestructura, idiosincracia y muchos otros aspectos vinculados al mundo del esparcimiento y la cultura.Sin embargo, por propiedad transitiva, la descomunal cobertura periodística de estos espectáculos, los convierte en especialmente atractivos para quienes desean difundir su ideología o posiciones políticas en el convulsionado mundo en el que vivimos.
Hablamos particularmente de las organizaciones terroristas que ven en eventos de esta magnitud, el escenario propicio para que sus macabaras formas de reclamo sean presenciadas por miles de millones de espectadores en todo el mundo.
De allí la natural preocupación de los organizadores en cuanto a seguridad se refiere. ...