Franz Kafka (1883-1924) es acaso la aposición más verdadera de Praga. Hay algo de su magnética belleza urbana que esconde un profundo malestar. Esta dualidad hace de Praga una de las ciudades más sombríamente encantadoras. Y se disfruta como un delicioso pastel de chocolate con ínfimos trozos de vidrio en su interior.
“Este pequeño círculo encierra toda mi vida”, pronunció una vez el escritor sobre la Staré Mesto (“ciudad vieja”) de Praga. Para los lectores de Kafka, el recorrido de ese círculo se convierte en una íntima procesión que culmina con una sublime certeza: sabemos más de Kafka porque conocemos Praga, y sabemos más de Praga porque leímos a Kafka.
En 30 minutos de caminata se puede visitar la Praga de Kafka. El itinerario incluye: la Compañía de Seguros de Accidentes Laborales (Na poříčí 7), donde trabajó durante catorce años. La Torre de la Pólvora y la Casa Municipal, que encontraba de ...
Si de amores a primera vista se trata, Praga es la candidata perfecta. Esta ciudad de ensueños, de cuentos de hadas e innegable clasicismo, es un destino perfecto de fin de semana: en sólo dos días podrás conocer las principales atracciones de la ciudad.
Atravesando el río Moldava se emplaza uno de los puentes más hermosos de Europa: el Puente Carlos. Encargado por el emperador Carlos IV en 1357, fue terminado en 1400 y es la ruta más atractiva desde Staré Mesto (“ciudad vieja”) al Castillo de Praga. Si bien es la mayor fortaleza del mundo, podrás recorrerla rápidamente, desde la catedral gótica de San Vito y el callejón del Oro hasta los jardines.
En Malá Strana (“barrio pequeño”) encontrarás una de las mejores postales de la ciudad. Los serpenteantes callejones del barrio, con antiguas farolas y restaurantes escondidos, te llevarán al Museo Franz Kafka y al asombroso Jardín Wallenstein.
Del otro lado ...
En la República Checa se yerguen más de dos mil castillos que guardan su historia. El Palacio Mostov, en Cheb, una de las ciudades más antiguas de esta región, data del siglo XIV, aunque se cree se terminó de construir en el siglo XV. Los arqueólogos opinan que ha sufrido distintas intervenciones en los siglos XVI y XVII y XIX (las adaptaciones a la arquitectura de la época eran algo muy común).
Uno de los atractivos es que aún se conserva la colección de porcelanas incorporadas por uno de sus propietarios en el siglo XIX, Georg Haas von Hasenfels, dueño de una fábrica de porcelana. El inmueble perteneció a esta familia hasta 1945 y tuvo distintos usos hasta que en 1992 se integró a la lista de monumentos históricos de la República Checa.
Este palacio, ubicado cerca de la frontera con Alemania, ofrece 18 habitaciones dobles, equipadas con todas las comodidades para ...