Mucho han cambiado aquellas antiguas viviendas de los jornaleros que trabajaban en una finca destinada al cultivo, hoy dan forma a tranquilos hoteles, cómo el caso del Cortijo de los Mimbrales, junto al Parque Nacional de Doñana. Los cortijos andaluces tienen la propiedad de trasladar a quien los visita a otra época, a otro mundo. Allí la vida se ralentiza, las prisas se paran y se descubren valores que a menudo olvidamos.
El Cortijo de los Mimbrales es uno de estos lugares donde los minutos tienen más de 60 segundos… Es un refugio de paz con aromas de jazmín y azahar, un espacio donde redescubrir las cosas buenas de la vida. De fondo quedan Doñana y sus marismas, la aldea del Rocío y la playa de Matalascañas.
Tras un cuidado proceso de rehabilitación, las antiguas viviendas de los jornaleros han dado forma a un acogedor hotel este cortijo. Los edificios conservan su ...