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Skywalk

Lo han bautizado como Skywalk (paseo por el cielo) se encuentra en el Gran Cañón del Colorado, en Arizona (EEUU) territorio de la reserva india de Hualapai.

La estructura, contruida a base de acero y cristal, es una plataforma en forma de semicírculo que han montado sobre uno de los numerosos acantilados que existen en la zona del El Gran Cañón. La atracción y la espectacularidad de la obra se basan en que la pasarela se encuentra suspendida literalmente en el aire, a unos 1.200 metros sobre el nivel del río Colorado y el suelo de la misma es de cristal.

El Skywalk formará parte de un complejo turístico formado por el rancho de Hualapai y la aldea india y, según afirman sus promotores, ofrecerá servicio de restauración, compras de objetos típicos tribales mientras se disfruta de la hospitalidad de los nativos americanos.

David Jin, ideólogo de la atracción, negoció la construcción con el mismísimo jefe de la tribu Hualapai. El trato: Jin construye la plataforma, les cede la propiedad a los indígenas y el empresario “sólo” se queda con el 25% de las ganancias generadas.

Las previsiones más optimistas apuntan hacia una cifra de 500 mil visitantes anuales, los cuales deberán de pagar 25 $ por aparcar el vehículo y pasear por la plataforma.

Sin embargo, lo que podría parecer una atracción más a añadir a la amplia oferta del desierto de Arizona, se ha convertido en un foco de polémica ya que, por un lado, se han encontrado con la oposición de un grupo de nativos indígenas de la tribu Hualapai, al afirmar estos que rompe con la tradición. Por otro lado, con la evidencia de que la obra se ha construido sin pasar las inspecciones legales y sin cumplir las garantías de seguridad federales y estatales de EEUU.

En su defensa, el arquitecto Mark Johnson, afirma que la obra está diseñada para soportar el peso de 71 aviones Boeing 747 llenos de pasaje, soportar vientos de hasta 160 kilómetros por hora y terremotos de escala 8. Además, para apaciguar la indignación de algunos miembros de la tribu, se ha inaugurado con un ritual indio de bendición.

Se prevé que la atracción ayude a paliar los graves problemas económicos que sufre la tribu Hualapai, formada por 2.200 personas y cuya mayoría se encuentra en situación de desempleo, sobreviviendo por debajo del umbral de la pobreza.

De nuevo el dinero ante las tradiciones. La polémica está servida.

Podéis leer el artículo completo en El País, en la Web de la atracción (aunque a mí me ha sido imposible acceder, parece que está caída) y en Destination Grand Canyon.

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