No bien uno baja del avión en Nueva Delhi, la primera imagen es desconcertante. Además del calor agobiante y la humedad, es la entrada a uno de los mundos más dicotómicos del planeta, donde la riqueza y la pobreza van de la mano sin cuestionamientos.Delhi, capital de la India, es inmensa. El viajero de bajo presupuesto encontrará una opción para pasar la noche en algún establecimiento de la angosta y concurrida calle Main Bazaar que desemboca en la estación central de trenes.
Sin pavimentar y con un ajetreado ir y venir de rickshaws (típicos taxis indios), autos, peatones y vacas, esta callejuela es sede de hoteles de todo tipo, desde los más económicos hasta los de primer nivel. Las ofertas son variadas, hay que saber buscar y regatear, una regla de oro en este país. Claro que comunicarse con un pueblo que cobija unos 20 idiomas -además del hindí y el ...